Viviendas colaborativas con cuidados, diseñadas para toda la vida, donde la comunidad es el centro
“Asumir la finitud del cuerpo, su vulnerabilidad y sus necesidades, es vital para comprender la esencia interdependiente de nuestra especie, para situar la reciprocidad, la cooperación, los vínculos y las relaciones como condiciones sine qua non para ser humanidad”
— Yayo Herrero
Para La Corrala es muy importante la consideración del modelo Atención Integral y Centrada en la Persona (MAICP), que propone cuidados basados en un modelo de atención en casa, autogestionado por la comunidad y por profesionales cuando se estime necesario, pero siempre acorde con las necesidades de los cuidados en cada momento.
Priorizamos la alta calidad emocional de los convivientes, algo que no ofrecen las alternativas de “prestación de servicios”, que se centran en la organización y la eficiencia. Consideramos también estructuralmente conceptos como el co-cuidado, la responsabilidad individual sobre el proyecto vital, y valores esenciales como el respeto, la confianza, la honestidad, el afecto y la autonomía personal.
En nuestro caso, proponemos el “modelo Hogar”, que hace referencia tanto a una arquitectura hogareña, no institucional, como a la no centralización de servicios, recomendada además por el MAICP.
Los cuidados no son una cuestión de moral o responsabilidad femenina, sino de derechos y responsabilidad social compartida.
Diseño modulable y adaptable que contempla la gerontología y evita la institucionalización de los cuidados.
Sistema de sociocracia para la toma de decisiones basado en consenso, inclusión y transparencia..
Modelo cooperativista sin ánimo de lucro con fondo de solidaridad para apoyar a todos los miembros.
La arquitectura feminista reivindica el diseño de viviendas que ponga la vida en el centro y la generación de espacios conciliadores, favoreciendo la autonomía de todas las personas, así como una mayor corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidados de forma que se puedan generar relaciones más igualitarias.
Contribuir a la concienciación de la población sobre la importancia y riqueza que significan los cuidados para la sociedad y la necesidad de avanzar en justicia de género, de manera que los cuidados se compartan entre los poderes públicos, las mujeres, los hombres, la comunidad y las entidades sociales.
El trabajo de las mujeres y hombres de La Corrala en proceso de envejecimiento, no es otro que la conquista de un amor-de-sí que nos sitúe en posiciones adecuadas para controlar el propio proyecto de vida, compartiéndola con mujeres y hombres que hayan hecho el camino de la asunción de la igualdad.
La Corrala codiseñará una arquitectura de los cuidados modulable y adaptable, que tenga en cuenta los conocimientos de gerontología, para contemplar probables evoluciones del estado de dependencia, que evite la institucionalización de los cuidados y que integre también la perspectiva de género.
Nuestra propuesta se basa en un diseño arquitectónico para conseguir un entorno accesible, adaptable y resiliente, amigable e inclusivo con la creación de espacios seguros para que las personas con deterioro cognitivo puedan moverse y caminar sin riesgos.
Estimulando la interacción social favoreciendo los espacios comunes, de vital importancia para articular una vida en colectivo. De su diseño, dependerá la capacidad de estos espacios de interrelación, para potenciar que las vecinas y vecinos puedan tejer redes de apoyo y crear comunidad, influyendo positivamente en el cuidado mutuo.
Para ello, La Corrala, al elegir un modelo cooperativista no especulativo y sin ánimo de lucro, propone que los gastos sean compartidos por todos los miembros, fomentando el ahorro en los gastos de los servicios del día a día; La Corrala asume el compromiso de ayudar a solucionar los problemas de cada miembro de la asociación, que puedan ir surgiendo a lo largo del tiempo: problemas emocionales, de salud, económicos y en especial la dependencia. Se estudiará la creación de un fondo de Solidaridad para afrontar posibles ayudas para contribuir a los costes que deriven de su dependencia.
Accederemos también a todas las ayudas económicas que pudieran conseguirse a través de la Ley de la Dependencia y derechos sociales que nos correspondan como ciudadanos.
Consideramos el sistema de sociocracia, como forma de organizarnos y tomar decisiones, pero sin descartar otros sistemas, como el democrático y no jerarquizado, donde todos los socios intervendrán mediante comisiones de trabajo en el desarrollo del proyecto, respetando las diferentes capacidades y disponibilidad de cada miembro.
La sociocracia se basa en los valores de inclusión, transparencia, bien común, reconocimiento de todos y todas, contemplando y observando la diversidad. Es un proceso de reflexión y decisión inclusivos y consensuados, pues ser mujer, hombre, niño o niña de una u otra cultura, educación, clase, color, orientación sexual, generación, etc. hace que la persona se plantee y pregunte cosas que a otras personas no se les hubieran ocurrido.
La toma de decisiones por consenso se basa en el supuesto de que todas las personas se preocupan por el bien común. El reto es la pregunta/solución y no el tener razón/lo individual. No se trata de competir, sino de colaborar.